Imagen: Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)
”Mullidos y últimos hálitos le miran
y es la piel de cada olvido/
rugoso espanto de ceguera
sorda sombra de sí mismo.
Espalda de senderos recorridos por serpientes/
¡ay...de su dolor!, lleva el silencio entero
de la lágrima.
¡Alma, pasajera de cada rincón!,
sálvale un pensamiento /cielo y tierra no le esperan.
Sólo queda un único sueño terco vivo
y grita siempre en el recuerdo:
Pintaba el inocente zagal con un pincel de magia
el inmenso arco de color desde su boca...
Fugaz, aquél adolescente mató
al sonriente regalado,
lléndose como un barco de papel
entre el río de aquél lejano nervio...
¡hermoso sueño el de su lejano nervio!,
y postrado en el futuro imberbe /sigue eterno
en cada viaje,
entre sábanas de amor-revoloteo...
Ése fuego mira siempre
al sueño entre el recuerdo,
sufriendo el delirio de mi aliado tiempo
aunque no sé si son agujas
si una mirada tierna
está postrada
en el agónico javier, abrazado a una cama
mitad de amor, mitad de pena.
Le dejo escapar...
Ya se va, se va, se va...
Le libero ya de su fatiga
tan desubicada entre las patrias/
mi adiós con un abrazo une
a todos sus desconocidos
Le dejo escapar...
Ya se va, se va, expira...
Por fin puedo gritar con mi polícromo amor
desde las presentes bocas enlutadas:
¡vida, vida, vida!”

Cuadro: Ramón Casas_"Joven decadente"




